Las canas no vienen con fecha de vencimiento. La curiosidad, sí.

Hace poco escuché a alguien decir que la inteligencia artificial “es cosa de pibes”. Y me quedé pensando cuántas veces repetimos esa idea sin cuestionarla.

Leí una columna de Sandra Olive, headhunter y Managing Partner de Backer & Partners, que pone el dedo en la llaga: el problema no es la edad, sino creer que la edad decide quién sigue vigente.

Conozco gente de 30 y pico que se cierra ante cualquier herramienta nueva. Y conozco gente de 65 que prueba, pregunta, se equivoca y vuelve a probar. Lo que marca la diferencia es la actitud frente al aprendizaje, no el DNI.

Pero ojo, que acá hay una trampa: usar ChatGPT para escribir un mail no es “saber de IA”. El salto real aparece cuando la tecnología te ayuda a repensar cómo trabajás, a decidir mejor y a liberar tiempo para lo que de verdad aporta valor.

Y con la llegada de los agentes de IA, que ya ejecutan tareas solos, pasa algo curioso: cuanto más hace la máquina, más necesitamos a alguien con criterio para interpretar lo que hace, ver el riesgo antes de que explote y hacerse cargo de la decisión.

¿Quién tiene ese criterio? Muchas veces, quien ya vio el problema tres veces antes.

La nota da ejemplos muy concretos de Argentina. En energía, años de poca inversión dejaron un hueco generacional: hoy hay proyectos nuevos y no alcanzan los especialistas para reemplazar a quienes llevan décadas en una central. Esa persona sabe cosas que no figuran en ningún manual: qué ruido anticipa una falla, qué solución funcionó en 2009.

La IA puede detectar la anomalía. Pero entender qué significa sigue siendo un trabajo humano.

Ahora, la experiencia sola tampoco salva a nadie. Treinta años de trayectoria valen poco si vienen con rigidez y cero actualización.

Y las empresas tienen su parte: no se puede pedir innovación en una cultura que castiga el error.

Mi conclusión: el futuro del trabajo no es una pelea entre generaciones. Es un equipo donde el que llega con ideas frescas y el que llega con kilómetros recorridos aprenden uno del otro.

La IA está corriendo el valor desde “hacer” hacia “saber qué hacer”. Y ahí, la experiencia tiene mucho para decir.

Uno no se vuelve obsoleto al cumplir años. Se vuelve obsoleto el día que deja de aprender.

¿Ustedes qué ven en sus equipos? ¿La edad es una barrera o una excusa?

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